Una vez empezada la carrera, y dándome cuenta que si me quedaba con las pocas prácticas que hacíamos en la facultad, me iba a saber a poco, decidí dejar de escribir en mis cuadernos para salir a la calle.
Como la mayoría de los que empezamos en esto (se me hace extraño usar esta expresión porque, para mí, aún estoy en el inicio), en fin, como decía: los novatos solemos empezar por lo mismo: el periodismo local.
Estos trabajillos eran los típicos que encontrabas en el tablón de anuncios de la universidad. Ahí donde veía: se necesita becario periodista, me apuntaba.
El primer contacto fue La Marina. Una publicación mensual que aglutina a diferentes barrios situados por el distrito de Sants- Montjuic, Zona Franca, etc. Justo entré en el momento en el que ese medio, inicialmente publicado en papel, daba el salto al formato digital. Parece que el destino me estaba haciendo un pequeño guiño.
Durante esa época hacía algunos artículos, reportajes y entrevistas a gente del barrio (presidentes de asociaciones, vecinos que se quejaban del ruido, gente comprometida con causas sociales, etc.) Eran contenidos marcados por la publicación, que básicamente se sustentaba por los becarios. Dos años con colaboraciones puntuales dieron para un primer contacto.
A la par, allá por el 2004, di mi primer salto a las ondas radiofónicas. Corroborado, uno de los medios donde más se aprende. Fue en Ràdio Nou Barris, a apariencia una radio de barrio, pero en realidad, y si no me mintieron, era la radio local más escuchada en Barcelona. Fue mano a mano con mi compañero de universidad y amigo Miguel Cárceles (un almeriense que ahora va creciendo profesionalmente en su tierra, en La Voz de Almería).
Nos encargábamos de los informativos del mediodía. De lunes a viernes teníamos media hora para contar qué pasaba en el mundo, sobre todo centrándonos en la zona de Nou Barris. Por no tener no teníamos ni ordenadores, con lo cual teníamos que buscar la información en casa antes de ir al informativo, redactarlo en el metro de camino, estructurarlo un ratito antes de empezar y ya, directos al micro. Lástima que era difícil combinar este trabajo diario con la universidad, más en épocas de exámenes y trabajos varios. Y normalmente trabajando en otras cosas porque de algún modo teníamos que conseguir algo de dinero.
El último escalón (por ahora) por la escalinata de los medios locales fue La Vall d’Horta i el Guinardó. Del estilo de La Marina, pero una publicación más focalizada y únicamente impresa, volví a las entrevistas y reportajes varios. De hecho tenía una sección propia de testimonios, donde la gente del barrio disponía de un espacio para contar aspectos especiales de su vida. Fue en ese mismo año, el 2006, cuando empecé las prácticas por convenio con la universidad, y de ese círculo no salí en un tiempo.